El Viajero ya no se asombra ante la casi promiscua intromisión de los almanaques, y sus aliados, los relojes, en cuanto aparato se produce. La necesidad de "programar" el tiempo humano y las máquinas que de él dependen -o de quienes depende, como se quiera ver-, han obligado a los cerebros informáticos a poner contadores de tiempo en microondas, dvd, computadoras, faxes y hasta ¡en los relojes!